Así la descubrieron. ¡Había sido tan imprudente!
—¿Qué… qué quieren? —preguntó, asumiendo que su mentira ya no surtiría efecto.
—¿Acaso no lo sabes? —repuso el hombre gordo, harto de dar rodeos—. Quedamos en que, una vez hecho el trabajo, te veríamos en C. Piedras Negras para cobrar el resto. Nos dejaste esperando…
Claro, se trataba de dinero, como ella suponía. Sin embargo, Mónica no tenía la menor intención de pagarles.
—¿Tienen el descaro de pedirme más dinero? —escupió con rabia—. ¡Miren lo