—¡Abre los ojos! Luciana jamás estuvo enamorada de ti de verdad…
—¡Cállate! —rugió Alejandro con una voz tan áspera que pareció rebotar en las paredes. Sus sienes palpitaban intensamente—. ¡Te dije que no hablaras más!
Mónica se sobresaltó, pero no se detuvo.
—De acuerdo, no diré nada… Pero ¿de verdad puedes engañarte a ti mismo? Piensa bien: ¿es que no hay nada sospechoso en la forma en que te trata?
Dicho esto, sin esperar más, le indicó al chofer:
—Arranca.
Alejandro se dio media vuelta con l