Era la primera vez que lo llamaba de aquella manera—. Si puedes escucharme, te pido por favor que protejas a Luciana. Si algo malo debe pasar, que sea a mí y no a ella… te lo ruego.
Dicho esto, inclinó la frente hasta el suelo y realizó la reverencia fúnebre.
***
Al amanecer, Alejandro llegó con pasos ligeros al departamento de Luciana, procurando no despertarla. Pero en el instante de cambiarse los zapatos, notó una maleta en medio de la sala. Se detuvo, con el gesto adusto y el ceño fruncido.