Ovidio, ofendido, al escuchar a Mónica reprocharle a Clara, alzó la voz:
—¿No me vas a reconocer? ¡Bah! ¿Te crees que puedes negarme? ¡Eres mi hija! ¡Hoy mismo vas a admitirlo!
Las emociones de Mónica se desbordaron; de pronto, levantó la maleta y la abrazó contra su pecho.
—Estás soñando si crees que vas a llevarte este dinero. ¡No permitiré que te quedes con nada!
—¡Esto es el colmo! —Ovidio se abalanzó, intentando arrebatarle la maleta—. ¡Suelta! ¡Es mía!
—¡Jamás!
—¡Suelten! —gritó alguien al