—¡Alex, pensé que moriría! —sollozó, con el corazón desbocado.
—Tranquila… ya pasó. —Alejandro intentó calmarla—. Todo está bien… —De pronto soltó un gemido de dolor—. ¡Ah…!
—¿Estás herido? —Mónica sintió el tirón en su brazo—. ¿Te lastimaste?
—Creo que me he dislocado el hombro —confesó con una mueca.
—¡Lo siento, Alex, lo siento tanto! —Mónica lo abrazó con fuerza, llorando aún más.
—No pasa nada, es solo una dislocación… —musitó él, restándole importancia.
Mónica no paraba de llorar. Alejandr