—¡No! —saltó Alejandro, negándose de inmediato.
—De acuerdo —dijo Mónica, contrariando a Alejandro.
—Mónica… —Alejandro frunció el ceño—. Es muy peligroso. ¡No sabes lo que puede hacerte!
—¿Qué otra opción hay? —respondió ella, con un suspiro.
—Dices que solo quiere dinero…
—Sí —replicó ella, con mirada tensa y algo húmeda—. Alex, es mi madre. ¿Te crees que, sabiendo el riesgo, no voy a hacer lo necesario?
Era un deber filial: aunque fuera una situación peligrosa, no podía desentenderse. Alejand