—¿Eh?
Clara se puso tensa de inmediato.
—¿Qué preguntas?
—¿No puedo preguntar? —Mónica ladeó la cabeza, notando que su madre ocultaba algo—. ¿De verdad no me estás escondiendo nada?
—¿Cómo crees? —respondió Clara, haciéndose la desentendida—. Solo perdí en unas partidas de cartas. Tal vez jugué demasiado alto un par de veces, nada más.
—¿De verdad?
—¡Claro! —Clara se exaltó—. ¿Qué pasa? ¿Ahora me interrogas? ¿No tengo derecho a distraerme?
—No… —Mónica suspiró. El cansancio la agobiaba—. Está bi