Una sensación de vértigo y dicha lo envolvió de pies a cabeza. Era la primera vez que Luciana tomaba la iniciativa de esa manera. ¿Cómo iba él a defraudarla? Se dejó llevar, correspondió y profundizó el beso.
Cuando por fin Luciana sintió un leve dolor en sus labios, lo empujó con una queja:
—¡Oye, con cuidado! ¿Eres un perrito o qué?
—¿No fuiste tú la que empezó? —replicó él, apoyando su frente contra la de ella, mientras la conducía unos pasos hacia adentro—. Mira que atrevida: ¿quién te dio p