La recuperación de Pedro avanzó rápido; la misma noche de la operación ya había recuperado la conciencia. Al día siguiente, cuando Luciana fue a visitarlo, él la saludó con un gesto desde detrás del cristal de la sala de aislamiento, moviendo los labios para decir: “Hermana”.
Luciana le devolvió una sonrisa radiante, levantando el pulgar.
—¡Pedro, eres increíble!
Haber podido donar parte de su hígado ya era digno de admiración, pero salir del quirófano sin contratiempos era un logro aún mayor. E