Tras una breve pausa, añadió:
—Aun así, te adelantaré algo: tengo pruebas. Puedo garantizar que mi información es confiable.
Luciana sintió un escalofrío.
—¿De verdad?
—Ya lo oíste. —El tono sonó seguro—. Repito: fuera de confiar en mí, no tienes otra opción. Te quedan dos días. Piénsalo bien y no salgas con que aún no decides… porque no pienso esperar más.
Acto seguido, colgó. Luciana se quedó agarrando el teléfono, con el ceño fruncido y mordiéndose el labio. Su intuición le decía que tal vez