Capítulo 638
—Eh… está bien —aceptó Juan, desconcertado, aunque no se atrevió a objetar. Si hasta Alejandro obedecía a Luciana, ¿qué podía hacer él?

Cuando aparcaron, Luciana cerró los ojos un instante y luego anunció:

—Suéltame, necesito bajar un segundo.

Alejandro se lo tomó a mal, aferrándose a ella como un pulpo, hundiendo el rostro en su cuello.

—Me siento fatal…

Luciana se llevó una mano a la frente, sintiendo un dolor de cabeza inminente. Notaba que la palidez de Alejandro había aumentado y hasta suda
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