Justo lo que imaginaba. Ninguna sorpresa en realidad. Luciana exhaló despacio, tratando de serenarse.
—De acuerdo, gracias.
Martina, con voz llena de preocupación, preguntó:
—Luciana, ¿de verdad vas a permitir que Pedro done parte de su hígado?
—Solo se lo explicaré. Él está por cumplir quince años y puede decidir por sí mismo.
Tras colgar con Martina, Luciana mantuvo el teléfono en la mano unos instantes, y luego marcó el número de Ricardo.
—¿Luciana?
—Mañana, ¿qué hora tienes libre? Vayamos ju