Rosa ni siquiera dejó que Luciana respondiera. Con el ceño fruncido, salió corriendo rumbo a los baños. Allí, justo en la zona de lavamanos, encontró a Alejandro inclinado sobre el lavabo, vomitando. Esa noche apenas había probado bocado; tenía el estómago repleto de alcohol y se sentía muy indispuesto.
—Señor Guzmán… —dijo Rosa, ansiosa y conmovida al mismo tiempo. Con una mano sostenía una botella de agua y con la otra un paquete de toallas desechables, lista para ayudarlo a enjuagarse o limpi