—Gracias.
El mesero se acercó, ofreciéndoles el menú. Ricardo pidió varios platos que sabía que a Luciana le gustaban.
—¿Te parece suficiente?
—Sí, con eso basta.
Para Ricardo, que su hija lo hubiera invitado a comer era toda una sorpresa y lo entusiasmaba. Mientras tanto, él no dejaba de hacerle preguntas:
—¿Cómo has estado? ¿Y el bebé?
—Bien. —Luciana respondía con monosílabos, sin demasiada intención de hablar sobre el tema.
Entre los comentarios y preguntas de Ricardo, ella empezaba a perder