Alejandro frunció levemente el ceño y, por un instante, en su mirada apareció un destello de inquietud.
—¿Acaso no te gustan las flores?
—Je. —Luciana soltó un par de risitas, sin responder directamente. De forma repentina, soltó—: Hoy me encontré con Ricardo.
—¿Ricardo? —El semblante de Alejandro se tensó de golpe, y la observó con gravedad.
—Le dije que hablaré con Pedro sobre la donación de hígado. —Luciana esbozó una sonrisa fugaz—. Aquellas palabras que me dijiste el otro día, por duras que