De estatura alta, cuerpo esbelto —pero firme—, de esos que casi con seguridad mantienen un régimen constante de ejercicio. Tenía rasgos ligeramente mestizos: facciones profundas y, sobre todo, unos ojos grandes de tipo europeo, con un color café matizado de azul. Su piel lucía muy cuidada, sin arrugas visibles, y trasmitía una presencia elegante que dejaba ver que ya había entrado en la madurez.
Luciana lo escuchó murmurar en voz baja y captó que hablaba en francés.
—Bonjour —lo saludó con caute