Era la primera vez que Martina besaba a alguien. Con los ojos muy abiertos, olvidó por completo cómo respirar, como si el cerebro se le hubiera puesto en blanco.
Salvador terminó el beso rápido, pero conservó las manos firmes, apoyando su frente contra la de ella. Respiraba con fuerza, sonando agitado y molesto.
—¿Dormiste con él? —soltó entre dientes.
—¿Eh? —Martina entendió las palabras, pero su cerebro no podía procesarlas tras la conmoción. No supo responder.
—Te estoy preguntando —repitió S