—Calma. Aún no llegamos a ese extremo. Estoy contigo y buscaremos otras soluciones.
—Gracias, Profe —respondió Luciana con un hilo de voz, sabiendo que, sin evidencias nuevas, la influencia de Delio no bastaría para protegerla.
Y en efecto, al día siguiente, recibió la notificación de su suspensión temporal.
—Luciana… —le dijo Delio, casi impotente—. Todavía no es el fin. Podemos pensar en otras salidas.
—Lo sé, Profe —contestó ella, esforzándose por sonreír.
Pero ¿qué más podían hacer? Luciana