Hacia las cinco o seis de la tarde comenzó a llover. Alejandro salió del ascensor con gesto serio: los resultados de los últimos exámenes de Mónica no habían sido favorables. Al llegar a la salida, distinguió a Luciana refugiada bajo el alero. Dedujo que no traía paraguas y se había quedado esperando a que dejara de llover.
Dudó un segundo y se acercó a ella.
—¿Sin paraguas?
Al oírlo, Luciana levantó la mirada y asintió con una sonrisa.
—Eso parece.
—¿Te diriges a tu departamento?
—Sí.
—Está llo