Así que Pedro carecía de todo concepto sobre un padre.
—Sí —asintió Luciana—. Claro que tienes un papá; todos tenemos padre y madre.
Pedro se quedó callado, notablemente confundido. Luciana no presionó; dejó que él lo asimilara a su ritmo. Tras un rato, él al fin habló:
—Entonces, ¿mi papá tampoco está… igual que mamá?
Al oírlo, Luciana sintió un pinchazo de dolor en el pecho y un sabor amargo en la garganta.
—¿Por qué piensas eso, Pedro?
Él frunció más el ceño, tratando de explicarlo:
—Porque…