Frunció el entrecejo, observándola con profundidad, y de pronto soltó:
—Sobre el tema del trasplante de hígado… ¿Alguna vez le preguntaste a Pedro su opinión?
—¿Qué? —Luciana no esperaba esa pregunta. Enmudeció un par de segundos, luego sonrió con frialdad—. Soy su tutora. Me encargo de sus asuntos.
—Tengo entendido que Pedro ya cumplió 14 años. A partir de esa edad, la ley le concede voz propia en ciertas decisiones. Además —insistió Alejandro, con ese tono mesurado—, su salud y su condición fí