—¡Señor Guzmán! —exclamó Rosa, poniéndose frente a Alejandro como si quisiera encararlo—. ¡No puede irse así!
—¿Cómo dices? —replicó él, alzando una ceja con una mueca de incredulidad.
—Luciana… —Rosa señaló hacia atrás, en dirección a donde estaba Luciana—. ¡Ella es su esposa! ¿Le parece correcto marcharse, así como así, con la… la “otra”?
Al referirse a Mónica como “la otra”, el semblante de Alejandro se volvió sombrío en un instante, y la ligera sonrisa que tenía se esfumó.
—¿Quién te dio el