Diego guardó silencio. Aquello indicaba que, ciertamente, algo pasaba en ese matrimonio.
—¿Y sigues parado ahí? —Victoria lo empujó suavemente—. Ve, llévala con Fernando antes de que se despierte y sea imposible.
El mensaje era claro: ella quería que Fernando y Luciana tuvieran un momento de intimidad. Diego lo pensó largo rato, pero el amor por su hijo lo hizo ceder.
—Está bien —dijo al fin, decidido.
Entró con pasos lentos, procurando no hacer ruido. Victoria se quedó en la puerta, recordándol