Con ese voto de confianza, la leve sonrisa de Luciana se desdibujó. Lo miró de frente y respondió, despacio y con absoluta claridad:
—De acuerdo. Seré sincera. Acepté casarme contigo —bajo aquel contrato— por dinero, para costear el tratamiento de Pedro. Luego, cuando descubrí que eras el novio de Mónica, me negué a divorciarme para vengarme de ella, de toda su familia. Ésa… —pausó, dejando escapar un suspiro— es la razón.
Las palabras retumbaron en la cabeza de Alejandro, que quedó aturdido. ¡A