—¡Mamá!
En la habitación de la sección de quemaduras, Mónica apenas podía contener la furia que sentía hacia su madre.
—¿Cómo se te ocurre ir a pelear con Luciana? ¡Te dije mil veces que no actuaras por tu cuenta!
Clara, sintiéndose culpable, bajó la voz:
—No pensé que Alejandro estaría ahí, y tu padre… antes él no era así. Ahora, ¿qué hacemos?
¿Qué hacer?
A Mónica le dolía tanto la cabeza como las heridas de su cuerpo. ¿No estaba ya lo bastante desgraciada, con su piel quemada y ese aspecto que