El lugar se llenó de un silencio incómodo. Luciana deseó que la tierra se la tragara. ¿Por qué tenía que soportar semejante escena?
—¡Mónica! —gruñó Luciana, forcejeando para sacarla de ahí—. ¡Si quieres hablar con Alejandro, márcale al teléfono! —Tiró de ella con fuerza hacia la salida.
—¡No! ¡No me iré! —gimió Mónica, luchando por zafarse—. ¡Quiero ver a Alex! ¡Quiero verlo!
—¡Te digo que él no…!
No terminó la frase, porque Mónica de pronto soltó su brazo y echó a correr.
—¡Alex!
Alejandro aca