—Mmm… mmm… —sollozó en un susurro.
Igual que una oruga, fue avanzando muy despacio, retorciéndose en su afán de acercarse a la puerta. «Alex, Alex… estoy aquí». Pero la distancia parecía infinita, aunque solo fueran unos cuantos metros.
De pronto, un olor extraño penetró sus fosas nasales. El corazón se le detuvo al distinguir una tenue humareda entrando por una ventana rota. «¿Ese humo?»
—¡Fuego! —gimió internamente, moviendo la cabeza en señal de negación. Se le crispó el cuerpo entero al comp