—Sí, ese chico es… ugh… —Mónica frunció el ceño y se llevó la mano a la frente—. Caramba, me duele la cabeza… me siento extraña…
Luciana la observó con recelo:
—¿Oye? ¿Te sientes bien?
—No… —murmuró ella, entrecerrando los ojos—. Me mareo, no veo bien…
Luciana notó que algo no cuadraba: su propia cabeza empezaba a pesar, su vista a nublarse. «¿Qué… pasa…?» Se llevó una mano a la sien, intentando aclarar su mente. Vio cómo Mónica se desvanecía sobre la mesa.
—¡Hey, Mónica! —exclamó Luciana, soste