—Él necesita un trasplante, y ya sabes que Ricardo está molesto con nosotras por la donación.
Mónica comprendía la desesperación de su madre, pero no podía dejar de sentir rabia y angustia por la situación.
—Mamá…
De pronto, un fuerte golpeteo resonó en la puerta de metal.
—¡Abran! ¡Clara, sé que estás ahí! ¡Abre la puerta y devuélveme a Pedro!
Madre e hija se miraron con los nervios a flor de piel.
—¿Qué hacemos? —murmuró Clara.
—Primero movamos a Pedro —dijo Mónica, cargándolo—. Escóndelo y cú