—¿Eh? —exclamó Luciana, sorprendida. Ella no sabía nada del asunto.
—Se nota que se preocupa por ti —comentó Fernando con calma—. Tienes que apreciarlo. Cuida lo que tienes.
—Tú también… —contestó ella, recordando algo de pronto—. Oye, ayer, ¿fuiste a la clínica por algún malestar? ¿Te sentías mal?
En ese instante, Fernando pareció quedarse helado, aunque enseguida recompuso la expresión con una mueca de normalidad.
—No, nada grave. Solo quería encargar vitaminas, ya sabes.
«¿Vitaminas?» Luciana