Al notar la expresión de Alejandro, Mónica preguntó con suavidad:
—¿Pasa algo?
—Sí. —Él se puso de pie—. Lo siento, Mónica, pero tengo un asunto urgente y debo irme de inmediato.
—¿Por qué te disculpas? —respondió ella con comprensión—. Después de tantos años de amistad, no vamos a ponernos quisquillosos con esos detalles. Ve, atiende lo que tengas que hacer.
Alejandro sintió un gran alivio.
—Gracias, en verdad. Te llamaré luego.
—Cuídate. —Mónica se levantó para despedirlo con la mirada. Poco a