Con las mejillas llenas de fideos, Luciana meneó la cabeza, sin siquiera alzar la mirada. El corazón de Alejandro se oprimía; sabía que la había dejado plantada, haciéndola pasar hambre y preocupaciones.
—Mañana por la noche, ¿qué te parece? Reservaré un lugar y prometo llegar antes.
—No hace falta. —Ella negó con la cabeza y tomó una rebanada de jamón—. Esta es la última rebanada…
—Déjame traerte más. —Alejandro se apresuró a recoger el platito vacío.
Sin embargo, enseguida notó que no tenía id