Reflexionó un instante y dejó la cuchara en el plato.
—Amy, por favor, ten la cena lista. Voy a intentar hablar otra vez con él, aunque no prometo nada.
—¡Por supuesto que funcionará! —La mirada de Amy se iluminó—. Estoy segura de que el señor está esperando que lo convenzas.
Tras dar el último sorbo de sopa, Luciana subió las escaleras. Al igual que antes, llamó a la puerta.
—¡Lárgate! —gritó una voz masculina desde dentro, aún más alterada que antes.
Ella vaciló unos segundos, pero decidió ent