Capítulo 405
Casi por inercia, Luciana se dejó llevar. Sus dedos se enredaron en el cabello de él, respondiendo a ese contacto cada vez más profundo. Pero aún tenía un poco de sentido común:

—Oye… ¿y no tenías hambre? ¿No comemos primero?

—Sí… —admitió Alejandro, consciente de que, si seguían así, perdería el control. En un movimiento fluido, se puso de pie sin soltarla—. Vamos.

Salieron del estudio de esa manera, y Amy, que había subido para ver si las cosas seguían tensas, los vio aparecer en la puerta. Se
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