—Dame un segundo… —respondió Luciana, agitando la mano mientras trataba de contener las risas. Cuando por fin se calmó, lo miró con una expresión llena de intención—. ¿Te has puesto a pensar qué pasaría si, en algún momento, “ella” regresara? ¿Qué harías?
—¿Ella? —Alejandro se quedó un instante pensativo y luego negó con una risa un tanto incrédula—. Es imposible, no va a volver.
—¿Tú crees? —Luciana alzó un dedo y lo apoyó en su pecho—. Tú debes de tener, ¿qué?, ¿veintiséis, veintisiete años? E