Se preparó, combinando desayuno y almuerzo en una sola comida, y luego tomó su bolso para salir.
Al abrir la puerta, se encontró con Simón, que la recibió con una amplia sonrisa:
—Luciana, buenos días. Alejandro me pidió acompañarte siempre que salgas.
Simón alzó los hombros con gesto divertido:
—Tú no te preocupes; piensa en mí como en un chofer. Salvo que necesites algo, me mantendré apartado.
Como Luciana ya lo sabía por Alejandro, le sonrió:
—Gracias. Será un gran favor.
—De nada. Sube al au