A diferencia de Alejandro, Luciana conocía bien a Fernando; sabía que él nunca la presionaría para que hiciera algo en contra de su voluntad. Desde la distancia, leyó con claridad el mensaje que transmitían los ojos de Fernando: había venido sólo para cerciorarse de que ella estuviera bien.
De pronto, Luciana extendió la mano y presionó el botón para bajar la ventanilla.
—¡Luciana! —soltó Alejandro, alarmado—. ¿Qué pretendes?
Ella ni se molestó en contestarle; ya había llamado la atención de Fer