Alzó la vista hacia Luciana, que, al notar su gesto, lo fulminó con la mirada:
—¿Por qué me miras? No pretenderás que sea yo quien la bañe, ¿no? Es tu asunto, no el mío.
—No digas tonterías, no es lo que pretendía —bufó él, con el ceño fruncido.
Luciana esbozó una sonrisa desdeñosa. Sabía que Alejandro y Mónica, en el pasado, habían compartido más de un momento íntimo; ¿por qué fingir ahora? Sintió un nudo en el estómago, sacudió la cabeza y frunció el ceño con disgusto.
—Luciana —dijo de pronto