Luciana durmió profundamente hasta las dos de la tarde. Lo primero que sintió al despertar fue un hambre voraz, casi dolorosa.
Amy ya tenía preparada la comida, consciente de que Luciana había estado con náuseas: optó por una gran variedad de platillos, esperando que probara al menos un poco de cada.
Al contrario de lo que se temía, Luciana se sentía recuperada y con un apetito tremendo. Todo le sabía delicioso.
—Vaya, qué hambre traías —celebró Amy, aunque con cierto recelo—. Come despacio, no