De pronto, Luciana se puso lívida y se tapó la boca, corriendo hacia el baño.
—¿A dónde vas? —Alejandro fue tras ella—. ¡No traes zapatos!
Recordó que él mismo la había cargado hasta allí, así que no tenía ni medias puestas. Sin embargo, al llegar, encontró a Luciana arrodillada frente al inodoro, vomitando.
La expresión de Alejandro se oscureció; en los últimos días Luciana no había mostrado malestares.
Callado, se puso de cuclillas y le pasó agua para enjuagarse la boca y unas servilletas.
—Gr