—Mamá… —dijo Mónica, fingiendo un tono de reproche—. ¿Cómo puedes decir eso? Tu suéter es único, hecho con amor. Es algo que ni todo el dinero del mundo puede comprar, ¿verdad, papá?
—Sí, sí. Por supuesto.
Ricardo se rio, asintiendo repetidamente mientras intentaba calmar la situación.
—Ambos regalos son maravillosos.
Tomando el reloj, añadió:
—Este reloj es precioso, hija. Muchas gracias.
—No es nada, papá. Si te gusta, todo valió la pena.
Era el turno de Alejandro.
Su regalo estaba dentro de u