Clara temblaba de rabia, sus palabras salían atropelladas por la indignación:
—¡¿Hija?! ¡¿Esa mujer?! ¡¿Tu hija?! ¡Ricardo, no olvides que todo lo que tienes ahora se lo debes a Mónica! ¡Ella es quien te ha ayudado a salir adelante!
Ricardo se reclinó en su silla, ajustándose las gafas con parsimonia.
—¿En serio? —dijo, con un tono cargado de sarcasmo—. ¿De verdad crees que no sé lo que pasó? Porque yo sí sé. Sé perfectamente que la noche en el Hotel Real, la persona que estuvo con Alejandro fue