—Exacto. Y disculpa por el mal momento de hace rato.
—No te preocupes —respondió Bruna con una risa genuina—. Bueno, ya que estamos aquí, ¿vemos el resto de la obra?
—Claro —asintió Fernando, recuperando la calma.
Mientras en el teatro los hechos se desenvolvían, Luciana no sabía nada de lo ocurrido.
El lunes, Luciana se levantó temprano para prepararse. Había quedado con Alejandro en ir al registro civil a firmar los papeles. Justo cuando estaba lista para salir, sonó su teléfono; era Nathan.
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