Luciana no estaba bromeando.
A pesar de que rara vez veía programas de entretenimiento, a los pocos minutos ya estaba enganchada, incluso le sacó varias risas.
—Jajaja… —soltó una carcajada mientras se recargaba en el respaldo.
Alejandro, en vez de ver el programa, no dejaba de mirarla.
—¿Te parece gracioso? —preguntó con el ceño ligeramente fruncido.
—Ajá. —Luciana ni siquiera lo miró, continuaba con la vista fija en la pantalla—. Está entretenido. Mira, no se puede negar que Mónica tiene basta