Intentó moverse y apartó con cuidado su brazo de su cintura.
—¿Uh...? —Alejandro frunció el ceño y dejó escapar un quejido bajo, abriendo los ojos.
Luciana se alarmó al instante.
—¿Qué pasa? ¿Te lastimé? ¿Te jalé la herida?
Con lo apretados que habían dormido, era muy probable.
—Eh... podría ser… —Alejandro seguía con el ceño fruncido, como si sintiera un gran dolor.
—¡Déjame ver! —dijo ella, aún más nerviosa, mientras intentaba desabrocharle los botones de la bata de hospital. Sin embargo, él t