Se acercó a él y preguntó:
—¿Necesitas algo más?
Alejandro la ignoró, con el rostro marcado por el disgusto evidente.
—Entonces me pondré a leer un poco —comentó ella, señalando la cama auxiliar.
No se atrevió a acercarse hasta que él diera su consentimiento. Alejandro soltó un resoplido sarcástico:
—¿Tienes que preguntar? Si quieres ir, adelante. ¿Acaso me preguntaste algo cuando llamaste al enfermero?
—Está bien.
Ignorando su sarcasmo, Luciana esbozó una pequeña sonrisa y se fue a su rincón a