Capítulo 1667
El calor ya empezaba a sentirse. Luciana bajó con Alba; cuando se lavaban las manos para cenar, afuera todavía estaba claro.

—Siento que ni siquiera es de noche —murmuró Luciana.

—¡Mamá!

—¿Mm?

Alba se tocó la pancita y se dio unas palmaditas con solemnidad.

—¡A mí sí me cabe! ¡Tengo hambre! ¡Yo sí puedo comer!

Luciana no aguantó la risa y le acarició la cara.

—¡Ya vi, princesita! ¡A comer en tres, dos, uno!

En el comedor, Alejandro Guzmán ya les había servido. Ese día había llegado temprano y se
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