Esa pregunta solo habría provocado un malentendido.
—¿Cómo que “voy a hacer algo indebido”? —Luciana alzó una ceja.
—Porque lo vi muy pendiente de ti —sonrió ladeado—. Para mí, Salvador todavía no te suelta.
—No digas eso —Martina frunció apenas—. Ya lo hablamos: de ahora en adelante, cada quien por su camino. Si nos vemos, seremos amigos y ya.
—¿Segura? —Luciana arqueó las cejas—. Si dices que lo hizo por ayudar a una amiga, también cuadra.
—¡Es exactamente eso!
—Está bien, está bien —Luciana r