—Llevemos estos peces a que los limpien primero —dijo Salvador, girando con el balde en la mano hacia Martina.
—¿“Limpien”… cómo? —Martina lo miró, perdida.
Cocinaba bien —mejor que Luciana—, pero limpiar pescado o pollo no era lo suyo… y tampoco se animaba.
Salvador sonrió, entendiendo el malentendido.
—Aquí hay gente que se encarga —explicó—, pero hay que llevarlos hasta allá.
—Ah… —Martina soltó el aire.
—Vamos —propuso él.
Como estaban de paseo y sin prisa, ella asintió.
—Dale.
Llegaron al s