A fin de cuentas, lavarle el pelo era todo un proceso.
—No es molestia —dijo Salvador, sin darle importancia—. ¿No estoy yo aquí? Tengo fuerza. En un rato la cargo al baño y, de una vez, le lavo el cabello y la baño.
Bajó la voz sin darse cuenta.
—Martina es bien pulcra; antes se bañaba diario y se lavaba el cabello día por medio.
Así había sido cuando estaba bien; ahora, enferma, le tocaba a él hacerlo por ella.
—Ay…
Con una sola frase, a Laura se le enrojecieron otra vez los ojos.
—Entonces me